Sodio: de la sal en la mesa a una alternativa sostenible
Desde hace unas décadas parte de la revolución digital, y ahora de la revolución verde de nuestro siglo, descansa en la electrificación de nuestro consumo energético y la sustitución de los combustibles fósiles.
En estos últimos años, nuestra sociedad enfrenta importantes retos con respecto al impacto que los combustibles tienen en el medio ambiente. Generar variantes que sean sostenibles y puedan mantener —e incluso incrementar— nuestras capacidades energéticas y de desarrollo representan un gran desafío.
Dentro de diversos sectores de la comunidad científica y la industria tecnológica se ha venido impulsando la investigación y creación de alternativas energéticas a los combustibles que sean más amigables con nuestro medio ambiente.
Es por ello que, año con año, hemos podido ver un mayor número de vehículos eléctricos a nuestro alrededor. No sólo se trata de automóviles sino de bicicletas, monopatines, scooters, etc. El impulso de este sector, forma parte de esta iniciativa a nivel mundial.
Y gran parte de ello se debe al uso de baterías de litio. Este tipo de baterías las podemos encontrar igualmente en nuestros teléfonos, tabletas, computadores, paneles solares, bancos de energía. etc.
Pero el continuo crecimiento en la demanda y el consumo de estos productos ha comenzado a generar un cuello de botella, pues la capacidad para producir baterías de litio puede no llegar a ser suficiente. Esto se debe en gran medida a que el proceso de extracción del litio es complicado, lento, costoso y consume cantidades considerables de agua.
En ese sentido, se ha explorado y buscado implementar el uso de nuevos recursos en la producción de baterías. Y los más recientes estudios científicos y tecnológicos parecen haber encontrado respuestas en un elemento insospechado: el sodio. Este elemento, presente en la sal que utilizamos para preparar y conservar nuestro alimentos, vital para la salud y regulación del cuerpo humano, puede convertirse en uno de los motores del desarrollo sostenible de los próximos años.
Recién el año pasado, investigadores del MIT presentaron un modelo de baterías de ion de sodio que supera por más de tres veces la capacidad de energía por unidad de peso de las baterías de litio y que pueden ser potencialmente funcionales para la aviación eléctrica.
La empresa china CATL, líder mundial en producción de baterías, ha anunciado que este año comenzará la producción en masa de baterías de ion de sodio, mientras que el gigante de autos eléctricos BYD, se encuentra construyendo una planta dedicada a las celdas de ion de sodio.
Si bien la implementación de esta nueva tecnología está en ciernes y aún requiere de mayor investigación, presenta ventajas significativas con respecto al uso del litio. El sodio es mucho más abundante y menos costoso, obtenerlo representa un menor impacto ambiental y en su aplicación, tiene un mejor rendimiento en climas extremos y con capacidades de carga en cuestión de minutos. El modelo presentado por investigadores del MIT es tan increíble que, mientras se encuentra funcionando, es capaz de captar dióxido de carbono y purificar el aire de la atmósfera.
Para México, esta innovación a nivel mundial representa una oportunidad considerable. Como país, se encuentra entre los diez principales productores de sal —que es de donde se obtiene el sodio líquido implementado en esta naciente tecnología— y es el principal productor en Latinoamérica junto con Chile.
Al tratarse de una cadena de producción y suministro naciente, México como un productor principal de la industria salina puede desarrollar y ampliar su participación a partir del conocimiento con el que ya cuentan todos los profesionales y científicos que se han dedicado a este sector. Para poder ser actores fundamentales de esta innovación tecnológica y sostenible, será de capital importancia continuar fomentando un modelo educativo que comprenda las ingenierías y ciencias aplicadas necesarias para potenciar su crecimiento.